El principio activo del ácido acetilsalicílico tiene su origen en la corteza del sauce blanco.

Historia de la Aspirina

En el siglo V a.c. Hipócrates ya se hizo eco de los efectos que tenía la corteza de sauce blanco para el alivio de la fiebre y del dolor. En el año 1763 Edward Stone, reverendo de la Iglesia de Inglaterra, realizó un informe indicando las propiedades terapéuticas de dicha corteza.

En 1828 comenzaron los trabajos para intentar aislar el principio activo de esta sustancia y no fue hasta el año 1853 cuando se consiguió su sintetización.

Fue en el año 1897 cuando el farmaceútico alemán Felix Hoffman de la casa Bayer consiguió sintetizar el ácido acetilsalicílico con gran pureza, dando lugar al nombre comercial “Aspirina”, convirtiéndose en el primer fármaco antiinflamatorio no esteroideo.

La inflamación, el dolor y la fiebre tienen mecanismos para su producción muy parecidos. En concreto en la zona de la lesión se generan una sustancia denominada prostaglandina que informa al sistema nervioso del ataque que responde a su vez provocando dichas dolencias.

En 1971 un farmacólogo británico, demostró que el ácido acetilsalicílico tenía la capacidad de frenar los mecanismos de producción de las prostaglandinas, restableciendo la temperatura del organismo y aliviando el dolor.

Efectos y usos de la Aspirina

La  Aspirina produce efectos antiinflamatorios, analgésicos, antipiréticos y funciona como antiagregante plaquetario.

Los usos clínicos que se dan al ácido acetilsalicílico son:

-    Alivio del dolor leve a moderado, dolor de cabeza, dolor menstrual, gripes, dolor bucodental y dolor muscular
-    Enfermedad de Kawasaki, en su proceso febril
-    Artritis reumatoide
-    Enfermedades autoinmunes
-    Inflamación de las articulaciones

La Aspirina minora la aparición de ataques isquémicos, anginas de pecho, trombosis coronarias y los infartos de miocardio. 

Estudios médicos han demostrado la capacidad de reducir la aparición de cáncer de colon y de pulmón en pacientes tratados con este fármaco.

La Aspirina se administra por vía oral y en dosis de 0,6-0,65 gramos en adultos y de 50-75 mg/kg en los niños.

Entre los efectos secundarios del ácido acetilsalicílico más comunes se encuentran la irritación gastrointestinal, las náuseas y vómitos, la úlcera gástrica y duodenal.

La capacidad de la Aspirina para fluidificar la sangre, además de ayudar a prevenir la trombosis, puede tener efectos adversos provocando un sangrado excesivo en pacientes con  úlcera gastrointestinal, ante una herida o incluso durante la menstruación por ejemplo.

 

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